El flaco Rolando

Hay que ser guapo para cruzar descalzo la 9 de Julio en pleno verano. Rolando lo es, un guapo en serio, de otro tiempo.


Tipo querido, siempre dispuesto a dar una mano. Y si hace falta, como último recurso, pega.


Nunca habla de trabajo. Se dice que es matón para un capo del juego clandestino.


Es guapo el Flaco, aunque tiene un problema: ve una cucaracha y llora. El Cali y el Gordo lo vieron en casa de Luisito, escondido para que nadie vea sus llantos.

El Gordo, impresionado al ver llorar a un guapo, quiso saber el por qué. Le preguntó a la señora, que hizo un par de materias de psicología. La Claudia le habló de los complejos infantiles, de Edipo, que Freud no sé qué y otras cosas más que no se le entendían.


Siguiendo sus consejos, empezó a investigar sobre la niñez de Rolando. Descubrió lo terrible, insólito: el Flaco no tenía infancia.

Debo reconocer que cuando el Gordo lo contó, nos reímos bastante. Nos dijo que tenía un amigo policía y que le pidió que rastree a un tal Rolando Martinez, 1,90 m, 80 kg, piel trigueña, etc. La policía no tenía ningún registro, no había ni partida de nacimiento, ni carnet de Chicago al nacer, nada. Como si no existiese.

El Gordo, con todas las dudas, tuvo un pequeño acto de maldad. Sabía que si le preguntaba de su infancia, el Flaco no le iba a decir nada. Entonces lo llamó al celular. Le dijo que quería hablarle, que necesitaba ayuda. El Flaco, de buen tipo, no podía decirle que no.

Se encontraron en un bar. El Gordo, con mucho disimulo, se apareció con una cucaracha en un frasco de mayonesa. Lo abrió, despacito para no avivar. Empezaron a hablar del tiempo, del golazo de Lopez el Domingo, de que este año se tenía que dar el ascenso, hasta que pasó lo que tenía que pasar: cuando Rolando vió la cucaracha, se largó a llorar.

Ahí el Gordo aprovechó para preguntarle si sabía porqué le pasaba eso, si no tendría que ver con la infancia, y que Freud, y que Edipo no era el 9 de Arsenal, y toda esas cosas de la psicología.

Rolando, conmovido, empezó a contar que en su planeta las cucarachas dominaban el mundo, que allá los humanos eran como los perros de acá y que él era un enviado para intentar un estudio del planeta Tierra para las futuras relaciones interplanetarias.

El Gordo no sabía si reir o llorar. Rolando le mostró unas fotos de su planeta, lleno de cucarachas. Ahí el Gordo le preguntó si era el único enviado, y el Flaco, casi enojado, le dice que si era boludo para pensar que un viaje así salía 2 mangos.

A Rolando no lo vimos más, pero hay que creerle al Gordo cuando dice que hasta los extraterrestres son hinchas de Chicago. Si uno lo piensa un poco, muy raro no es. Al fin y al cabo, se confirma lo que se presumía: los guapos, los verdaderos guapos, no existen. Son extraterrestres.

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