Presentación libro Sinfonía de los pájaros


Texto leído en la presentación del libro...



Los seres humanos somos los únicos animales que tropezamos una, dos, y hasta tres veces con la misma piedra.


Mi piedra, esta con la que vengo tropezando –y seguiré tropezando-, se llama poesía. Tonta poesía. La que pocos leen, la que todos tenemos, la que todos somos.


Somos poesía. Somos magia. Un chaboncito, una pibita, tingui-tingui, tole-tole y de pronto… zas! Nacemos. Somos. Vivimos. Magia.


Magia…el filósofo Giorgio Agamben cuenta que otro filósofo, Walter Benjamin, alguna vez dijo que la primera experiencia que un niño tiene del mundo no es que “los adultos son más fuertes, sino su incapacidad de hacer magia”. Según Agamben, la afirmación de Benjamin, efectuada bajo el efecto de una dosis de veinte miligramos de mescalina, no es por eso menos exacta. Para Agamben, es probable que la invencible tristeza en la cual se sumergen cada tanto los niños, quizá provenga de la conciencia de no ser capaces de hacer magia.


Pero cuanto más fácil serían las cosas, si tuviéramos la sabiduría de comprender que la magia no se hace, la magia nos sucede … se trata de estar con los sentidos alertas, ver, tocar, escuchar… la mismísima vida. Poesía. Tonta poesía. ¿O no es mágico que en el medio de esta jungla de cemento, haya pájaros que persisten en su canto? ¿O no es poesía la terquedad de un árbol que vuelve y vuelve a dar sus frutos en plena Avenida Córdoba? ¿No están acaso llenos de vida –pura vida- los pases de Riquelme?




Vivimos tiempos difíciles, nunca estuvo tan a la vista el abismo entre lo que somos los humanos, seres que aman, ríen, lloran, y el modelo de persona que se promueve en la vida pública. Con la noble excepción de Carlitos Tevez, por supuesto.


Pero también es el momento más hermoso de todos los momentos del hombre, por la sencilla razón de que es el que nos toca, el único que conocemos, y sobre el que podemos actuar.


Ya no hay alternativa, ya no somos chiquitos, son sólo dos los caminos posibles, o buscamos el amor, la poesía, la magia, o nos resignamos a vivir en el miedo. No es fácil, nos rodean los cancheros, los cancheros, los cancheros… no es fácil, pero es la que hay.




Una vez le escuché decir a Osvaldo Bossi, querido maestro, que la persona que escribía era mucho más inteligente que él, que tenía sus virtudes, sus defectos, sus torpezas.


Yo también tengo mis virtudes, mis defectos, mis torpezas. Yo también siento que el que escribe es mucho más inteligente que yo, sabe algo que yo no, que tan sólo hago lo que puedo, lo que está a mi alcance.


Y esto que puedo, esto que hago, es hacer libros. Simples libritos. Que son como piedras lanzadas al río, que está lleno de otras piedras, de muchos colores, de muchos tamaños. Pero si al río le faltaran mis piedras… pero si al río le faltaran mis piedras, a mí, Andrés Lewin, también algo me faltaría.


Andrés Lewin

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